Las que no salen en una radiografía o una resonancia: lesiones de tejido blando como el latigazo, conmociones y lesiones cerebrales leves, dolor crónico y lesiones emocionales como el TEPT. Son reales y compensables en Texas, pero dependen de un tratamiento constante y testimonios creíbles.
Las aseguradoras pagan con más facilidad las lesiones que pueden ver. Una fractura sale en una radiografía y un ligamento roto en una resonancia. Un esguince de cuello, una conmoción con una tomografía normal o la ansiedad que no deja a alguien manejar en la autopista no dejan imagen, así que el ajustador argumenta que fue algo menor, que ya existía o que se está exagerando.
¿Quién tiene que probar que el choque causó la lesión? La persona lesionada, y para la mayoría de las condiciones médicas esa prueba tiene que venir de un médico. En Guevara v. Ferrer (2007), la Corte Suprema de Texas decidió que por lo general se necesita evidencia médica de un perito para probar la causa, a menos que la condición, su relación con el accidente y la necesidad del tratamiento estén dentro del conocimiento y la experiencia común de los jurados. Una cortada por un vidrio roto puede caer en esa excepción. Una hernia de disco, una conmoción con estudios normales o el dolor crónico normalmente no, y por eso importa tanto la opinión escrita del médico de tratamiento que relaciona los síntomas con el choque.
¿Las cuentas médicas prueban la lesión? No por sí solas. La sección 18.001 del Código de Práctica Civil y Recursos permite que la declaración jurada de un proveedor establezca que los cargos fueron razonables y el servicio necesario, a menos que la otra parte presente una contradeclaración. La misma sección dice claramente que esa declaración no es evidencia de la causa. Las cuentas muestran lo que costó el tratamiento, pero la relación entre el choque y la condición tiene que venir de los expedientes médicos y de los doctores que los escribieron, y ahí es justo donde fallan más las lesiones difíciles de ver.
Las lesiones de tejido blando son el ejemplo más común. El latigazo y los esguinces de espalda por choques por detrás muchas veces se tratan con terapia y medicamentos, y las aseguradoras se apoyan en el poco daño al vehículo para disputarlos. Un daño menor al carro no significa necesariamente un reclamo débil: el expediente médico y la forma en que ocurrió el choque deciden. Lo que las prueba es la cronología: atención el mismo día o al día siguiente, visitas constantes, límites documentados en el trabajo y la vida diaria, y un doctor dispuesto a relacionar los síntomas con el choque.
La lesión cerebral traumática leve es la segunda categoría difícil. Dolores de cabeza, lagunas de memoria, sensibilidad a la luz e irritabilidad pueden seguir a una conmoción aunque los estudios de imagen salgan normales. Un estudio normal no termina un reclamo por lesión cerebral: las conmociones se diagnostican por los síntomas y la evaluación clínica, y las pruebas neuropsicológicas pueden medir problemas de memoria y de procesamiento que una tomografía no muestra. La evaluación neurológica y lo que dicen la familia y los compañeros de trabajo sobre el cambio en la persona muchas veces sostienen el reclamo.
Las lesiones emocionales tienen su propio estándar legal en Texas. En Parkway Co. v. Woodruff (1995), la Corte Suprema de Texas exigió evidencia de la naturaleza, la duración y la gravedad de la angustia mental, que muestre un alto grado de dolor y sufrimiento mental o una alteración importante de la rutina diaria. Los expedientes de terapia y las descripciones específicas de lo que cambió cumplen ese estándar; decir en general que el choque fue algo molesto no lo cumple.
¿Cómo ponen a prueba estas lesiones las aseguradoras una vez presentada la demanda? La defensa puede pedirle al tribunal un examen médico independiente. Según la regla 204.1 de las Reglas de Procedimiento Civil de Texas, el tribunal puede ordenar un examen físico o mental cuando la condición está en disputa y hay causa justificada, y quien demanda por una lesión física o emocional por lo general pone esa condición en disputa. El médico lo escoge la defensa, así que un expediente de tratamiento constante hecho antes del examen es la mejor respuesta a un informe que minimiza la lesión. Los abogados de la defensa también piden expedientes médicos anteriores para buscar la misma queja antes del choque, y registros de farmacia y de redes sociales para buscar contradicciones.
¿Cómo se ve en la práctica la evidencia de una lesión difícil? Normalmente va en capas. La primera es el expediente temprano: una nota de la sala de emergencias o de la clínica de urgencias que describe cómo pasó el choque y qué le dolía. La segunda es el tratamiento, con cada visita describiendo los síntomas en las palabras del paciente. La tercera es el trabajo de especialistas, como el examen de un neurólogo o pruebas neuropsicológicas por una posible lesión cerebral, o un especialista en dolor por síntomas de nervios que no se quitan. La cuarta es el testimonio de personas cercanas: un cónyuge, un compañero de trabajo o un amigo que puede describir cambios concretos, como turnos perdidos, conversaciones olvidadas o alguien que ya no maneja en la autopista. Cada capa respalda a las demás.
Por ejemplo, suponga que a un conductor le pegan por detrás en una intersección de Houston, se siente adolorido pero se va a su casa, y ve a un doctor cuatro días después por dolor de cuello y de cabeza. La tomografía sale normal. En los meses siguientes siguen los dolores de cabeza, le cuesta concentrarse en el trabajo y un neurólogo le diagnostica síntomas posteriores a una conmoción. En este caso hipotético, la aseguradora señalará los cuatro días de espera, la tomografía normal y el daño modesto a la defensa del carro. El reclamo dependería de la explicación del médico sobre por qué los estudios normales son comunes en una lesión cerebral leve, de lo constantes que son los síntomas en cada expediente después de la primera visita y de los compañeros que notaron el cambio. Nada de esto predice un resultado; muestra dónde está la pelea.
Hay tres casos especiales comunes. Primero, una interrupción en el tratamiento por el costo o el trabajo: debe quedar explicada en el expediente y no dejarse a la interpretación de la aseguradora. Segundo, una lesión anterior en la misma parte del cuerpo: una condición previa no impide el reclamo, y si el choque la empeoró, ese agravamiento es compensable; los expedientes anteriores pueden ayudar a mostrar que la persona se había recuperado o estaba estable. Tercero, síntomas que aparecen tarde, como la ansiedad al manejar que surge semanas después: hay que decírselo al doctor en cuanto empieza, porque la fecha en que se anota por primera vez es la que va a usar la aseguradora.
Errores comunes: esperar semanas para ver a un doctor porque el dolor parecía soportable; dejar el tratamiento antes de tiempo, lo que la aseguradora interpreta como recuperación; y publicar fotos o comentarios que parecen contradecir la lesión. Lo que conviene hacer es lo contrario: hacerse revisar el mismo día o al siguiente, contarle al doctor cada síntoma, incluidos los dolores de cabeza, los problemas para dormir y la ansiedad, seguir el tratamiento, llevar un registro diario breve del dolor y los límites, y pedirle a la familia o a los compañeros de trabajo que anoten los cambios que ven.
¿Qué pasa si los síntomas empezaron días después del choque? Los síntomas tardíos son comunes en las lesiones de tejido blando y cerebrales. Dígaselo a un doctor en cuanto aparezcan y descríbale el choque, para que el expediente muestre cuándo empezaron y qué cree usted que los causó. ¿Necesito un especialista? En lesiones cerebrales y síntomas de nervios persistentes, un neurólogo u otro especialista parecido muchas veces da las opiniones que prueban la lesión.
Owsley Law Firm construye estos reclamos a partir del expediente de tratamiento. La consulta es gratis, se habla español y no cobramos honorarios si no ganamos; el cliente puede ser responsable de los gastos del caso según el acuerdo de honorarios por escrito.
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